El Camino Hacia Ser

"Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia"
Honoré de Balzac

martes, 7 de abril de 2015

Sí quiero, Gracias Señor



Estaba sola, mi Amo se había ido. Me había dejado. Se había despedido. El peso del mundo había caído sobre mi. En mi interior había una centrifugadora que generaba el vacío absoluto. Tardé más de media hora en reaccionar. Me vestí lentamente, con ropa que sabía que le gustaba a mi Amo. Me dejé el pelo suelto. Él lo prefiere así. Me maquillé, me subí a los tacones. Él se había ido, pero yo quería hacer lo que a él le gusta. Me senté en el coche. Respiré profundo, intentando que el mundo no viera que mi existencia se había quedado sin sentido. Arranqué y me fui a trabajar. Durante el trayecto me repetía una y otra vez, tienes que seguir adelante, tienes que seguir... tienes que seguir... Me agarraba al convencimiento de que nadie se muere de pena, y a la seguridad de que el tiempo lo borra todo. Intentaba ser muy racional. Pero la verdad es que me sentía muerta por dentro. Llegué al trabajo, me recompuse como pude, y empecé a intentar estar ocupada, tener mucho que hacer, para no tener tiempo para pensar. Daba igual lo que hiciera, no tenía que pensar, porque estaba sintiendo. Y era mucho, era demasiado dolor.


Volvía a estar perdida. Estaba ensimismada con la pantalla de mi ordenador cuando vibró mi  teléfono. Era mi Amo. Me puse muy nerviosa. Abrí su mensaje. Quería saber cómo me encontraba. Me pareció increíble que lo hiciera, pensaba que nunca volveríamos a hablar. Empecé a titubear un poco. No quería decirle que mi mundo se había terminado sin él. Quería parecer muy íntegra. Estaba escribiéndole, seguía llamándole Señor. Me dijo que no lo hiciera, pero no podía evitarlo. Él era mi Amo, yo no podía llamarme por su nombre real.



Soy incapaz de recordar de qué hablamos, ni cuánto rato lo estuvimos haciendo. Sólo sé que yo lo necesitaba. Que ya no podía volver a lo de antes. Que no quería que me dejara. Recuerdo que una de las cosas que le dije es que lo que yo quería era que un hombre me mirara como él lo había hecho. Nunca nadie me había mirado así y eso era lo que yo quería volver a sentir. Seguíamos hablando de nuestro encuentro. Mi Amo me seguía llamando por mi nombre. Me seguía dando razones de porqué no podía ser... Aunque como digo, realmente lo que recuerdo no es la conversación, sino las sensaciones.



Pasado un rato, su tono cambió. Y entonces pasó, me preguntó si yo estaba dispuesta a seguir, si era lo que realmente quería. En ese momento me emocioné, me excité, me volví a sentir viva. Claro que sí quiero, Señor. No hay nada en el mundo que yo pueda querer más que eso Señor. Estaba feliz, mi Amo me daba otra oportunidad. Volvía a sentirme viva. Estaba dispuesta a hacer todo lo que fuera necesario. Si en algún momento había tenido una duda. Si de alguna manera me había sentido indecisa. Ahora todo eso había pasado. Ahora más que nunca tenía claro que mi Señor era mi Amo, era mi Dueño. Yo le pertenecía. Cuando mi Amo se fue, cuando me dejó, yo experimenté el vacío absoluto, y eso hizo que en mi interior se revolviera algo. La consecuencia de esas emociones que había experimentado, era clara. No tenía ninguna duda. Quería hacerlo. Quería seguir. Ya no necesitaba cuestionarlo todo, sólo sabía que quería obedecer a mi Amo. Mi Faro había vuelto a encenderse. Mi Norte volvía e estar. Ahora ya dependía de mí, que fuera capaz de seguir el Camino. Que cumpliera con mi parte. Que obedeciera a mi Amo. Por todo ello cuando mi Amo me preguntó, mi respuesta fue inmediata. Yo quiero, Gracias Señor. Mi Amo no me dejaba. Todo volvía a tener sentido.

Shakti

No hay comentarios:

Publicar un comentario