El Camino Hacia Ser

"Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia"
Honoré de Balzac

martes, 14 de abril de 2015

Los retos de mi Amo


Me identifico totalmente con una frase: "da igual que no cambie nada, si yo cambio, todo cambia", es de Balzac, e ilustra perfectamente lo que estoy viviendo, porque refleja una gran realidad. Es una verdad absoluta. Todo cambio debe de empezar por nosotros mismos, por nuestro interior y desde ahí todo será diferente. Las cosas podrán seguir igual, la gente podrá seguir igual, pero al cambiar nosotros nuestra perspectiva es diferente, y entonces vemos las cosas de distinta manera. Es un choque emocional importante, experimentar esa sensación, que además empiezas a vivirla desde el momento cero en el que comienzas a modificar pequeñas cosas en ti misma.

En ese camino, en esa evolución, como dice mi Amo, cada sumisa es un mundo, igual que cada persona es un mundo. La función de un amo desde mi modesto entender, es ser capaz de saber cómo ayudar a su sumisa a recorrer el Camino. Cómo llevarla. Es lo que se llama adiestramiento, aunque para mi es una palabra que se queda corta. Para mí adiestrar es asumir movimientos, o reacciones, con un componente mecánico importante. Pero también para mi -como siempre hablo desde lo que yo estoy experimentando, desde lo que yo estoy viviendo- el Camino hacia ser sumisa, interiorizando lo que significa y lo que supone -camino en el que yo estoy- es mucho más que un adiestramiento. Es dejar que tus verdaderos valores afloren, que tus emociones se canalicen a través de la obediencia a tu amo, y aunque por supuesto el "adiestramiento" como tal, también exista, y sea vital, no lo es todo. Para mi, es mucho más.

En ese saber cada amo, cómo acompañar en el Camino a su sumisa, cómo guiarla, cómo enseñarla, mi Amo supo desde el primer momento que en mi caso, sobre todo al principio cuando aún no había dejado de lado a mi ego, cuando todavía me revelaba y no dejaba que mi verdadera naturaleza fluyera y asumiera el control, que en mi caso particular lo que mejor funcionaba, lo que más me motiva, son los retos. El retarme a que haga cosas, a ir vestida de una determinada manera, a actuar conforme a lo que me pide... el "tienes que hacer tal cosa" y además con fecha concreta, con hora establecida, es una forma de que esté constantemente "haciendo", porque no conseguirlo, no superar el reto, tiene su correspondiente castigo. En mi caso, y dada la separación física, la distancia que hay entre mi Amo y yo, el castigo que me infringe, es el peor. Es su indiferencia, castigándome con "el cruel látigo de su silencio". Esto es insoportable para mi. Cuando he metido la pata, y la he metido bastante, mi Amo ha dejado de hablarme, y cuando lo ha hecho, ha sido para cuestiones estrictamente necesarias, además utilizando palabras y expresiones que sabe que me duelen. Ese es un castigo que puede doler más que cien azotes, porque lo que te duele es directamente el alma. Luego hay otros retos que si no los hubiera superado, o no estuviera día a día superándolos, mi Amo, simplemente se iría, desaparecería. Ya he experimentado el inmenso dolor del vacío, de su ausencia. Hemos tenido momentos muy complicados, en los que mi Amo se ha cansado de mi, de que no terminara de ver las cosas, de que no terminara de hacerlas. Son momentos en los que se ha planteado dejarme. Recordar esa angustia vital que ya he sentido, me hace que no deje ni por un instante de luchar para superar los retos que mi Señor me va poniendo. Al principio, siempre tenía una pega cuando me decía que hiciera algo, siempre ponía un pero, ahora ya no. Ahora lo hago y punto, porque sé que todo lo que mi Amo me pide, todo tiene un sentido trascendente que en la mayoría de los casos yo desconozco y además, él todo lo hace pensando en mi bienestar, por mucho que a veces yo no lo vea, o no lo entienda. Al principio lo cuestionaba todo. Ahora ya no cuestiono nada, porque no lo necesito. La confianza es absoluta. Conseguirla y sentirla, también creo que forma parte de asumir la sumisión y lo que supone pertenecer a un amo.

Ha habido retos de muy diferente naturaleza. He llevado objetos dentro de mi cuerpo, primero un rato, después durante todo el día. He ido sin ropa interior, superando muchos complejos con respecto a mi propio cuerpo. Mi Amo me pidió que hiciera deporte, porque es algo fundamental en todos los sentidos, para mi y para cualquiera, y empecé a correr (y lo sigo haciendo a diario, 5 kilómetros aproximadamente) después de veinte años, sin hacer nada de nada. Mi Amo me pidió que dejara el tabaco, fumaba más de un paquete diario, y lo dejé, automáticamente. Sin parches, sin chicles, sin nada de nada. Sólo porque mi Amo me lo ha pedido. Él es mi motivación, la idea de que se vaya hace que sea capaz de cualquier cosa. Es algo increíble sentir esa fuerza que viene de la obediencia. Esa fuerza que viene de pertenecer a mi Amo. De asumir que soy suya, y de tener absolutamente claro que si mi Amo me lo pide, si me dice que haga algo, es porque puedo hacerlo. Su confianza en mí, en que puedo, hace que pueda. Parece un trabalenguas, pero esa es la realidad. Si mi Amo no me hubiera ordenado todas esas cosas y otras muchas, yo no las habría hecho. Y mi vida no habría mejorado, y yo no me sentiría mucho mejor. No me sentiría tan fuerte, no habría empezado a cambiar por dentro, y los resultados no se verían por fuera. Ahora mi Amo ya no me lo tiene que decir, ahora ya forma parte de mi nuevo yo. Esa fuerza interior que se está generando en mí, viene de haber aceptado los retos de mi Amo, lo que me ha llevado poco a poco a asumir y sobre todo comprender mi sumisión, y a disfrutar viviéndola.

Shakti

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