El Camino Hacia Ser

"Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia"
Honoré de Balzac

jueves, 9 de abril de 2015

"Quiero verte a través de la cámara"



Aunque aún no hace tres meses que mi Amo llegó a mi vida, me parece mentira la de cosas que he hecho, y que he sentido, que me parecían absolutamente imposibles. La de veces que hubiera puesto mi mano sobre el fuego, apostando a que yo no las haría, y la de veces que me habría quemado. Mi Amo ya se ríe cuando le digo: jamás me lo hubiera creído, jamás lo habría pensado, es que no doy crédito... por eso ya ni siquiera lo digo en voz alta, porque la verdad es que ni yo misma me reconozco. Pero hay una cosa cierta, mi Amo siempre ha creído en mi, al principio incluso creo que más que yo misma.


Después de la primera toma de contacto que tuve con mi Amo y de conocernos, pasamos muchísimas horas hablando. Sentía una necesidad absoluta de que me dijera, de que me contara. Una intriga inmensa, un desconcierto total. Mi Amo me lanzaba mensajes que yo no sabía cómo interpretar, no sabía realmente de qué me hablaba. Él me preguntaba de vez en cuando. ¿Estás segura? Me decía: No hay marcha atrás, ¿estás segura de verdad? Ahora es el momento de dejarlo, si no estás segura. Cuando me decía estas cosas, yo sentía una especie de batidora en mi interior. No estaba segura de nada, tenía millones de preguntas que no quería hacer, porque no quería molestar. Sentimientos encontrados, sensaciones muy fuertes. Y la verdad es que no sabía nada, no sabía a qué le estaba diciendo que sí, pero tenía el pleno convencimiento de que quería seguir, aunque no supiera con qué. No quería que mi Amo desapareciera, porque algo se había despertado en mi interior y de pronto empezaba a sentirme viva. Tenía miedo, me parecía todo ilógico. Mi cabeza me decía que estaba loca. La razón me advertía de que era una temeridad, pero sentía un deseo irrefrenable de seguir adelante, de que mi Amo me siguiera diciendo, preguntando, exigiendo..., sin darme cuenta, estaba encontrando primero, la obediencia en mi interior, y después la sumisión. Poco a poco, como dice mi Amo. Pero un poco a poco que se desencadenó muy rápido, y de forma muy natural. Sin darme cuenta, porque la verdad no sé en qué momento dejé de revelarme, de cuestionar, y sencillamente empecé a disfrutar obedeciendo, sin más.

Al principio necesitaba preguntar el porqué de todo lo que me pedía. Le hacía mil preguntas. La verdad es que la paciencia de mi Amo, fue infinita. Mis meteduras de pata eran constantes. Nunca con intención, y siempre sintiéndome después muy, muy mal. Otra entrada la dedicaré a mis meteduras de pata, y a sus consecuencias. Algunas las recuerdo y ahora me hacen hasta gracia y me sirven para agradecerle aún más a mi Amo, su infinita paciencia. Por ejemplo, el segundo día en el que hablamos, mi Amo me preguntó con su tono autoritario habitual algo así, como ¿Dónde estás? A mí no se me ocurrió otra cosa que responderle "No te me sulfures". Ahora lo recuerdo y yo misma me horrorizo, porque aunque no fue mi intención, es una forma de hablar que jamás se debe utilizar con un amo. Quién no sepa de qué hablo porque no lo haya experimentado, puede parecerle raro. Pero no lo es para nada. La forma respetuosa de hablarle a mi Amo, es algo absolutamente natural, me sale del alma, no tengo que hacer ningún esfuerzo. Imagino que es algo innato a mi sumisión. Yo lo tuteo, pero mi forma de dirigirme a él es absolutamente respetuosa y siempre, siempre me dirijo a él como Señor. Fue la forma en la que mi Amo me dejó que le llamara.

Pero hoy de lo que quiero hablar de verdad es de mi primera gran prueba. Porque fue para mí una ruptura de esquemas absoluta. Fue cuando mi Amo, me hizo la primera gran petición. Me dijo: Quiero verte. Búscate la vida, pero quiero verte a través de una webcam. Yo no sabía qué decir. Lo primero que pensé fue, "ni de coña". Eso es una locura. La lógica hacía que mil alertas saltaran en mi cabeza. No quería decirle que no, pero no podía decirle que sí. Yo no estoy loca. Soy una persona sensata. Pero qué vergüenza. Estas frases eran una especie de mantra que se repetía en mi cabeza. Pero por otro lado, era incapaz de decirle que no. Decirle que no, era no continuar. Decirle que no, era poner punto final a algo que estaba comenzando y que yo sentía dentro de mi como una liberación. Él me había dicho que tenía que obedecerle en todo. Yo quería hacerlo, pero ¿ponerme delante de una cámara? ¿Y por qué? ¿Y para qué? 
Habíamos quedado que al día siguiente por la noche tendría solucionado el tema. Recuerdo haber pasado todo el día en un sinvivir. Por un lado yo quería hacer lo que me pedía, pero por otro, tenía miedo, tenía incertidumbre. La verdad, es que yo he tenido mucha suerte. Hablo de lo que yo he vivido y cómo lo he vivido. Por supuesto no pretendo ni dar lecciones, ni mostrar cómo hacer nada. Yo he sido muy afortunada, porque mi Amo es un hombre absolutamente sensato y coherente. El más que he conocido en mi vida. Pero es cierto, que es importante tener cuidado. Por ejemplo, ponerse delante de una cámara es una cosa muy seria. Hay que estar segura de lo que se hace, y sobre todo hay que estar segura de quién es la persona que está al otro lado. Antes de ponerse delante de la cámara hay que conocerse, en la medida de lo posible y de las posibilidades.

Yo tenía mis dudas, me imponía lo de la cámara. Muchos podían ser los contras. Pero había un motivo muy potente para hacerlo, mi Amo. Su voz, su forma de hablarme, su todo, pese a resultarme chocante de entrada, por su autoridad, o por su rigurosidad, me inspiraba una confianza y una tranquilidad que no se puede explicar, sólo sentir. Por eso desde el principio, aunque no supiera conscientemente qué me estaba pasando, mi yo interior ya sabía que había encontrado a mi Amo.

Lo cierto es que esa noche, tal y como me había pedido, yo estaba delante de una webcam. Lo había hecho. Estaba temblando, esa es la verdad. Me sentía bipolar. Por un lado sentía una necesidad irracional de obedecerlo. Y por otro, no me podía creer lo que estaba haciendo. ¿Cómo era capaz? ¿Es que me había vuelto loca? Pero pese a todo mi cuestionamiento interior, lo estaba haciendo.

Mi Amo, tan considerado como siempre conmigo, entendiendo lo que estaba sintiendo, me dijo que bajara la cámara, que no quería verme la cara. Eso me tranquilizó mucho. Hay quién podría pensar que sólo le interesaba mi cuerpo, pero no era eso. Mi cuerpo es lo que menos le interesa. Sólo quería que yo me sintiera tranquila, que aprendiera a sentirme cómoda con la cámara.

Desde aquella primera noche, son muchas las horas que he pasado con mi Amo, delante de la cámara. Para mí se ha convertido en algo natural. Yo nunca lo veo. Pero siento su presencia. Me gusta que me vea, saber que me mira, que ve cómo hago todo lo que me va pidiendo. Me excito sabiendo que está ahí. Me siento segura y me siento muy cómoda.

Por muy irracional que pueda parecer, por increíble que pueda resultar, me hace feliz, me hace sentirme bien, saber que mi Amo está ahí. En este tiempo, sobre todo las primeras semanas en las que me encontraba absolutamente perdida leí mucho. Agradezco a las páginas que he leído y que me han ayudado como el http://elfarosm.blogspot.com.es/http://es.wikipedia.org/wiki/BDSM?title=BDSM 
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:T%C3%A9rminos_BDSM Sobre todo en El Faro, he podido saciar mis primeras ansias de conocimiento, porque reconozco que era absolutamente neófita, de esta manera al inicio pude encontrar respuestas, y tener idea de dónde estaba entrando. He leído mucho, y por supuesto, mucho sobre las relaciones virtuales, y sobre cómo hay mucha gente que las descarta. Yo también lo habría hecho. Pero ante la idea de no poder sentir que mi Amo está, aunque sea así, elijo lo virtual, porque la otra opción sería la nada. Porque eso es lo que pasaría si mi Amo no estuviera. Los momentos en los que me ha castigado con sus ausencias (hablaré de esto más adelante largo y tendido), se han hecho tan insoportables, tan angustiosos, que sí, si no puede ser de otra manera, elijo estar con mi Amo, sea como sea. 
Señor, eres mi motor. Mi gasolina. Mi Camino.

Shakti.

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